
Otra vez Diciembre.
De por si, este mes, no me desagrada, pero le estoy cogiendo manía. Hombre, tiene la Navidad y tal que de por sí me gusta, pero me pone triste, es más, de un triste extraño que mina mis ganas de hacer algo salvo llenar mi garganta de hojas secas hasta que no entre el aire, sí, supongo que está bien descrito.
Terminé Noviembre con una sonrisa que parecia inquebrantable, perenne y al día siguiente ya todo empezó a ir mal. Las clases cada vez mas tediosas (me interesa lo que se dice, pero no como lo dicen y terminan aburriendome fruto de una falta de didáctica o de empatía por parte de los profesores para con los alumnos, que al fin y al cabo somos futuros medicos y personas, no maquinas de preparar examenes tras engullir apuntes al kilo), prácticas que no tengo, falta de tiempo para estar con la gente (o falta de tiempo de la gente para estar conmigo), caras largas y rutinas, apuntes que se acumulan, mirada puesta en e,l horizontes y el horizonte cubierto por una niebla densa. Horrible. Y en un alarde de valentía me dispuse a limpiar el salón (en vistas de que nadie estaba dispuesto a limpiarlo y yo fui el ultimo que lo hice y eso fue...ejem...antes de irme a Paris) y el cristal de la mesa se parte cayéndome sobre el pie. Que no me corté, con lo cual el hecho en sí pierde toda la alarma y gravedad, pero me dolió (en el pie y por dentro). Al día siguiente fui incapaz de ir a clase por una astenia que me obligó a meterme en la cama a mirar el techo. Al día siguiente igual, pero fui a clase arrastrandome y obligandome. La rubia que reparte el 20minutos me da los buenos días y sigo pensando que me hace ojitos. Las clases de nuevo para echarse a llorar. Me proponen no ir a clase. Acepto sin pensar. Voy a una exposicion llamada La piel en la mirada en la cual se trata el desnudo humano como arte y en ningun momento habia dudado de esa afirmacion. Somos arte de por si, pese a nuestras cicatrices, virtudes y defectos. De la exposicion a comer rapido en una pizzeria napolitana. Huele a Florencia y me inunda una alegria enorme por lo vivido. De ahi a la parada del autobus con mi maleta, vuelvo a casa. El billete, comprado el dia antes para evitar problemas. Y comienza el momento culmen, el sumun de mi mala racha. No pasa ningun urbano para llevarme a la estacion de autobuses. No, no pasan. Pasa uno pero no para porque va lleno de gente y justo detras otro. Mmm, se me hace tarde. Pasa uno y una pija con su enorme maleta (cuando digo enorme quiero decir rozando los limites de maleta mas grande del mundo) bloqueando el paso por cualquier direccion. Nunca llegué a subir a ese autobus, puesto que la muchacha impedia el paso y habia mas gente. Me voy corriendo a otro que acaba de llegar. Es una imagen entre deprimente y absurda ver a todo el mundo pelearse por entrar en el urbano. Entro. Tengo que aguantar comentarios absurdos, burdos, fuera de lugar de gente que nos obliga a los que acabamos de entrar a irnos a la parte de atras del autobus donde hay sitio. Es muy logico, si, si no hubiese un tapon de 20 personas con sus 20 maletas ipidiendome el paso. A la mierda. Y como el que atraviesa la jungla con machete en mano, voy dejando atras gente y maletas para colocarme en la parte de atras del autobus y permitir que pueda entrar la gente. Aun asi, el tapon de gente siguió en su sitio, tal vez porque la naturaleza humana es así (de triste). Y escuchando comentarios de gente que se aburre en el autobus, yo ya no llegaba a tiempo. Señora, callese que mi autobus salia a menos cuarto y ya son menos 10, asi que callese, por favor. Llegué a en punto. Ni rastro de mi autobus. Llamo a mi casa y el comentario es mas desmoralizador aun. La cola para sacar billetes llega hasta la puerta de la estacion. Horrible. Busco combinaciones. A la media hora, tengo otro billete, pero para dentro de dos horas y que tardará el doble en llegar a mi casa. Es lo que hay. Y me hago mi regalo del dia (como dice el agente Cooper de Twin Peaks) que es un cafe con leche sentado tranquilamente leyendo. El que no se consuela es porque no quiere. Eso no es verdad. Mi nuevo autobus llega con 30 minutos de retraso. Por si fuera poco, mi asiento estaba ocupado. Y suelto un Perdona, este es mi asiento, el 48. Yo tengo el 47...y el de al lado tenia tambien el 47. Mmmm, tranquilo, eh, que ya me busco yo sitio. Tuve que ir 4 horas en el asiento del medio de la ultima fila rezando porque nadie lo tuviera reservado. Hay que añadir, que me quedé sin bateria en el movil y que estaba rodeado por gente que hablaba lenguas extrañas que no entendia... Llegué a mi casa a las 10 de la noche, arrastrando los pies y maldiciendo mi estupida existencia.
Asi que este puente...en casa, en mi cama, con mis cosas alrededor intentando no desafiar a mi mala suerte. Suerte? La suerte no existe, es todo debido al azar. El azar es un hijo de puta. Asi que yo, que creo en el azar, digo que no puede seguir perjudicandome eternamente, que no es algo determinado ni acumulativo, que no hay mal que cien años dure, que el viento cambiará de direccion el día menos pensado. Una cosa buena de irme a mi casa este puente, a parte de estar con la familia, pasear por la playa un rato, achuchar a Lúa y jugar con ella cuando no duerme, han sido mis horas en autobus en el viaje de vuelta. Sí, uno es asi de raro. Paisajes nevados, niebla, lluvia, sol, lluvia y más lluvia. Mientras, yo leía La trilogía de Nueva York de Auster, comprado en Madrid aquella semana que estuve en Septiembre. Lo tenia abandonado y me lo he leido casi por completo durante este viaje. Tiene un final que te deja una sensacion curiosa, alegre por estar vivo aunque el libro no sea alegre de por si. Me ha encantado. Es uno de esos libros en los que tienes que subrayar frases aunque odies escribir en los libros, que te toca por dentro, que sabes que lo tendrasque releer desde el preciso instante en que lo terminas. Tal vez sea porque necesitaba una historia como la del ultimo relato mientras fuera llovia y en mi mp3 sonaba la musica que me apetecia y venia bien al momento en si. Hace ya 4 horas que me terminé el libro y aun sigue martilleandome la cabeza, siguen cruzandose dialogos y sigo dandole vueltas a mas de una situacion. Asi soy yo, que cuando algo me gusta, me emociona, estremece o llama la atencion, se me queda dentro de la cabeza durante mucho tiempo. Me pasó con la Historia Interminable de pequeñoy el Principito de grande, me pasó con Cancion nº 0 y Casi Carolina de Carlos Siles, canciones q no tengo en mi poder pero que no puedo dejar de cantar, asi de simple, me pasa con Casablanca cada vez que la veo y me pasa con algunas que otras cosas más pero no es cuestion de aburrir al personal. Si has llegado hasta aqui leyendo, enhorabuena. Solo necesitaba sacar esto de dentro, estos dias, que no me encuentro si no que me desdibujo. Que a veces me siento muy vivo y otras solo quiero meterme un par de dedos en la boca y vomitar hasta que no quede nada dentro. Son tiempo raros los que vivimos, los que vivo.
"La vida, nos arrastra de muchas maneras que no podemos controlar y casi nada permanece con nosotros. Muere cuando nosotros morimos, y la muerte es algo que nos sucede todos los días." Paul Auster en el relato La habitación cerrada de la Trilogia de Nueva York