lunes, 20 de agosto de 2007

¿Tú que hubieses hecho en mi lugar?


…aquí todo el mundo va a su bola, menos yo que voy a la mía. La gente es tan rara. Si hace buen tiempo nos sacan al patio un rato, pero siempre vigilados. Todo lo que hagas es siempre observado y apuntado. Al principio me asustaba, ahora paso completamente. Algunos hablan solos, otros callan todo el tiempo. Yo ya no hablo con nadie. No me creo las locuras que me cuentan; ellos dicen que lo que yo digo es mentira. Prefiero sufrir esto en soledad aunque a veces es muy duro. Es tan complicada esta situación. Hay veces que me descubro llorando en un rincón. Y yo, yo no soy así, yo antes no lloraba. No es justo que tenga que estar aquí retenida aunque es mucho más doloroso el pensar que no crees mis palabras. No has venido a verme ni una maldita vez, ni has llamado ni tan siquiera has escrito. Has sido lo más importante en mi vida, ¿sabes? Me gustaría verte y comprobar que te siguen saliendo esos hoyuelos a ambos lados de tu boca cuando te ríes. ¿Qué tal los niños? ¿Has llevado al gato al veterinario? Si Laura no puede dormir léele un cuento. Siempre funcionaba. De vez en cuando me vienen a la cabeza las imágenes del verano del año pasado cuando fuimos a la playa. ¿Te acuerdas? Yo siempre fui más de montaña, pero es que era todo tan perfecto… el olor, las risas de los niños, los paseos al atardecer. Aquí no me dejan tener fotos y mucho menos poder ver a las niñas aunque solo sea un minuto. No sé por qué. ¿No entienden que nunca les haría daño? No comprendo nada de lo que ocurre aquí. Lucas, si la maté fue porque vi como trataba de envenenarte. Lo vi. Créeme, por favor. Tu mirada se estaba apagando. Por lo visto ella llevaba tiempo poniéndote algo en el café. Aún recuerdo como me miraba cuando iba a verte a la oficina. Me gustaría cambiar tantas cosas. Ella estaba enamorada de ti (esas cosas las notamos las mujeres). Quería ocupar mi lugar. Mi vida le parecía perfecta, me lo dijo una vez. Cuando vió que no podía conseguirte tramó el plan. El día que la dejaste al cuidado de los niños mientras yo llegaba a la oficina me dí cuenta de que los miraba con ganas de hacerles daño. La envidia vuelve loca a la gente y ella lo estaba, pero yo no. Sólo quería defenderte, Lucas, ¿no lo entiendes aún? ¿Qué hubiese pasado si no hubiese hecho lo que hice? Se lo buscó solita. Una persona como ella no merece estar viva, por eso cuando vino a casa aquella mañana y yo estaba sola haciendo la comida lo vi claro: tenía que eliminarla antes de que su plan funcionase. En estos casos hay que actuar de modo más inteligente que la otra persona. Y en ese momento yo actué como debía, lo sé. Cuando se dio la vuelta supe que era mi oportunidad. Ahora o nunca. No recuerdo cómo pasó. Sólo recuerdo con claridad el calor de la sangre en mis manos y las gotas de sudor bajando por mi espalda. Pero volviste demasiado pronto a casa. Los niños no deberían haber visto aquello, lo reconozco. Pero créeme, por favor, ella quería matarte y si yo no hubiese hecho algo lo habría logrado antes o después. Si volviese a verme en la situación sé que volvería a hacer lo mismo. ¿Soy una enferma por pensar así? ¿Es por eso por lo que me tienen que encerrar aquí? ¿ No podría cumplir una pena en prisión? ¿Tú que hubieses hecho en mi lugar? Yo te hubiese creído, te hubiese creído siempre. Pero ahora estoy en esta habitación sin ventanas. ¿Cómo pretenden que nos recuperemos en estas condiciones? Ver el cielo, abrir la ventana para que entre aire,…necesito estas pequeñas cosas. Por otro lado, las pastillas que me dan me hacen ponerme triste y llorar así que he dejado de tomarlas. No quiero llorar, yo no soy de esas. Me parece tan estúpido que tenga que estar aquí encerrada… ¿y por cuánto tiempo? Dime, ¿crees que saldré algún día? ¿ me mirarás a la cara entonces? ¿Tú que hubieses hecho en mi lugar, Lucas?
Cuando leas esta carta yo ya me habré ido, para siempre. Lo siento por los niños, de veras. Cuídalos mucho. Sé que lo harás muy bien sin mi. Y llévalos cada verano a la playa. Se los veía tan felices allí, ¿verdad? Y háblales bien de mi, deja tu odio e incomprensión a un lado, por favor. Cuéntales como nos conocimos en aquel tren, lo mal que lo pasé en el embarazo de Luís y lo mucho que me gustaba cocinar. No sé si lo siento por ti, tengo dudas acerca de si me echarás de menos aunque supongo que si. Nos hemos querido mucho. Me hubiese gustado verte dormir cada mañana y despertarte suavemente hasta que la vejez nos fuese consumiendo despacio. Pero la vida, ya ves, se complica a veces y a mi, ya lo sabes, nunca me gustó tener que esperar ( a nada ni a nadie). Impaciencia patológica lo llamabas tú. Tiene gracia, ¿ te acuerdas de cómo me enfadaba cuando llegabas tarde a nuestras citas y tu lo solucionabas con un tierno beso en la mejilla justo en la zona donde empieza la boca?
Pues si, la mera idea de tener que estar aquí por un tiempo indefinido es algo que me quema por dentro. Se me hace insoportable todo, cualquier cotidianidad ya no me apetece, los días son cada vez más largos, las noches no acaban nunca. Si pudiera pedir un último deseo sería un abrazo tuyo, sí, de esos que arreglaban hasta el peor día. Te he querido mucho. Te querré siempre. Tal vez pienses que soy una cobarde, que esta es la solución más fácil. Cariño, no te agobies por esa idea, esta es simplemente la única solución que he encontrado. Lo siento. Dile a los niños que los quiero. Adios.

3 comentarios:

Mj 20 de agosto de 2007, 22:55  

Bienvenido al mundo de la ficción :)


Lo cierto es que yo creo a tu protagonista, la frase de "las mujeres sabemos esas cosas" es una razón inapelable para saber que dice la verdad.

Me guardo las frases sueltas como oro en paño, cuánto arte :)

Ingrávida 27 de agosto de 2007, 23:50  

me ha gustado, sabes? que escribas la otra cara de la moneda, aquella para la que (también) todo es de un claro meridiano. ¿por qué extraña coincidencia el primer relato que hemos publicado los dos es de un asesinato? jajaja. Seguro q tienes más por ahí guardados...queremos leerlos!! un besico!

W. 30 de agosto de 2007, 2:41  

Srta. Ingrávida, sobrecogedora historia la suya (pateé el fotolog de arriba abajo hasta encontrarlo). No tengo más historias (te sorprendería lo fácil que surgió ésta). Lo de las coincidencias... ya ves, que no-se-qué de un círculo
Un abrazo enorme (a ver si te llamo un día de estos)

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